Escuela Bíblica

La Escuela Bíblica de Jerusalén fue fundada por el P. Marie-Joseph Lagrange en 1890 en un momento histórico en el que las ciencias modernas desafiaban tanto a la lectura tradicional de la Biblia como a la inquebrantable fe de los creyentes. El P. Lagrange, hombre de gran erudición y con una formación tomista, fue mucho más allá de estos desafíos manteniéndose siempre fiel a la fe de la Iglesia. De esta manera, su método de lectura de los textos bíblicos fue imponiéndose gradualmente hasta que el Magisterio de la Iglesia lo reconoció en la Divino Afflante Spiritu de Pío XII en 1943 y Dei Verbum. Gracias a este método de lectura, la Escuela Bíblica publicó en los años 50 la Biblia de referencia para el público en general: la Biblia de Jerusalén.

La Escuela Bíblica, fiel al espíritu del fundador, continúa realizando este estudio exigente del texto bíblico, junto con la ayuda  de otras disciplinas que nos permiten comprender mejor el texto: la historia, la epigrafía, los idiomas “bíblicos”, la arqueología, la hermenéutica, la, historial de recepción, etc. Además, la Escuela Bíblica se encuentra bajo la inmediata tutela del Maestro de la Orden y está autorizada por la Santa Sede para otorgar el doctorado en Ciencias Bíblicas.

 

Desde 1920, gracias a la seriedad del trabajo realizado, la Escuela Bíblica fue reconocida por la Academia de las Inscripciones de las Bellas Artes de Francia como Escuela Arqueológica Francesa. Dicha Academia de las Inscripciones como otras universidades internacionales, envían cada año estudiantes a hacer estudios de formación superior. Las visitas arqueológicas y los cursos de lenguas antiguas son especialmente apreciados entre los estudiantes.  La Escuela Bíblica goza  de una fama y confianza en el mundo científico gracias, entre otras muchas cosas, a su gran biblioteca, la cual cuenta con más de 160.000 volúmenes; a la participación de la Escuela en variadas y prestigiosas excavaciones arqueológicas como por ejemplo las de Qumran; juntos a ello el programa de doctorado en ciencias bíblicas, la prestigiosas publicaciones como la Revue Biblique, los programas de investigación (en particular La Biblia en sus Tradiciones) los coloquios y las conferencias.

 

Sin lugar a duda, esta intensa actividad de enseñanza e investigación no sería posible sin un entorno religioso, el convento San Esteban, en el que se despliega la vida dominicana, es decir, la vida común, la vida litúrgica y la vida de oración. Es esta vida la que permite a los frailes estudiar, escribir y enseñar según el espíritu de la Orden.

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