“No Estamos Acostumbrados al Sufrimiento”

Sembrar con de en tiempos de fragilidad.

El poder del testimonio en la predicación

Los lectores de estas notas pueden sorprenderse de que el cronista dedique tanto espacio a las homilías predicadas durante el Capítulo.

Esto se debe a que estos comentarios sobre la Palabra están impregnados de la experiencia de vida y la experiencia eclesial de quienes los pronuncian. Y si el Capítulo es una reunión de hermanos de todo el mundo, entonces a través de sus palabras podemos vislumbrar, aunque sea por un momento, el mundo del que provienen.

El provincial de Canadá, fray Yves Bériault, comenzó su sermón, como suele ser habitual, con una historia:

“Me gustaría comentar la Palabra de Dios recordando un acontecimiento que me sucedió cuando tenía 29 años… Tuve que someterme a una operación de rodilla. En mi tercera noche de hospitalización, cuando el dolor seguía siendo intenso, la enfermera me informó de que ya no tenía derecho al analgésico, ya que, según los protocolos, debía haber superado el umbral crítico del dolor. Conmovida por mi sufrimiento, esta enfermera aceptó hacer una excepción y, al entregarme el medicamento, me dijo: «Es que usted no está acostumbrado al sufrimiento.» Me pareció muy sabia, y siempre he estado convencido de que aquella fue una gran lección de vida. Y esa lección nos concierne a todos.”

Inmediatamente añadió:

“Muchas cosas dan miedo en este momento en algunas de nuestras provincias y vicariatos. La falta de sacerdotes, la escasez de vocaciones, el cierre de nuestras iglesias y monasterios, el vacío espiritual que parece inundar poco a poco nuestras sociedades, el desconocimiento total de nuestras raíces cristianas entre las generaciones jóvenes…

Como no estamos acostumbrados a sufrir así por nuestra Iglesia, corremos el riesgo de desesperarnos, pero el Señor también nos dice a nosotros: «No tengáis miedo.» Mirad cuán minúscula es la semilla del Reino sembrada en la tierra, aplastada y sofocada por la tierra húmeda que la cubre, sumida en la noche más absoluta, y que, sin embargo, a su debido tiempo, brota y da fruto. Esta parábola nos habla tanto de Cristo y de su vida entregada como de nuestro trabajo en este mundo, trabajo que Jesús compara con el de un jardinero.”

Una convicción compartida en la Orden

Si el cronista quisiera añadir algo a estas palabras, solo tendría que parafrasear al predicador, tratando de describir con sus propias palabras una experiencia similar de la Iglesia, que se está reduciendo, o del trabajo que no da los resultados esperados. Al final, tendría que expresar la misma creencia, porque él también es dominico, de que:

“Lo que se nos pide como discípulos de Cristo es sembrar, sembrar a los cuatro vientos, sin dudar del poder de nuestros actos de amor y del poder de ese amor para transformar el mundo, corazón tras corazón.”

Un día de compromiso y oración

El lluvioso lunes estuvo lleno de trabajo en comités y de una reunión vespertina con representantes de la Commissio Leonina, que está trabajando en una edición crítica de las obras de santo Tomás de Aquino. El tema de la visita de ayer al antiguo campo de concentración de Auschwitz también surgió repetidamente en las conversaciones.

La llamada a una fidelidad radical

“Se trata de ser buenos allí donde Dios nos llama a ser buenos, caritativos allí donde Dios nos llama a ser caritativos, pacientes, misericordiosos, sedientos de justicia, allí donde Dios nos llama… Para ello, debemos estar atentos al Evangelio y escuchar, en el grito de los pobres y los pequeños, el grito del mismo Dios.

Nos corresponde entonces sembrar abundantemente, sin dudar… Su destino, su crecimiento y su futuro, eso pertenece al secreto de Dios y a su acción misteriosa en el corazón de la vida de la Iglesia y de nuestro mundo. Él no cesa de susurrarnos al oído: «No tengáis miedo. ¡Confiad, yo estoy con vosotros!»

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Oficina de Comunicación – Capítulo General de Priores Provinciales
Cracovia, 28 de julio de 2025
Fotografías: @dominikanie.pl

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