Acoger al mundo, proteger a los más vulnerables: la Copa Mundial de la FIFA

Un momento para el deporte, una oportunidad para nuestra humanidad común

Más allá de los goles, las victorias y el orgullo nacional, la Copa Mundial de la FIFA 2026 hará historia. Por primera vez, el torneo se celebrará en suelo canadiense y, también por primera vez, tres naciones —Canadá, México y Estados Unidos— se unirán para acoger uno de los eventos deportivos más grandes y más vistos del mundo. Con 104 partidos y una asistencia prevista de cinco millones de aficionados en los estadios, el torneo se disputará en grandes ciudades sede como Toronto, Vancouver, Ciudad de México y Nueva York, además de otras ciudades de México, Canadá y Estados Unidos. La única Copa Mundial organizada anteriormente por más de un país fue la de 2002, celebrada en Japón y Corea del Sur.

Este acontecimiento histórico, compartido por varios países, ofrece múltiples oportunidades para nuestro mundo actual. Atletas, delegaciones y aficionados de países que en otro tiempo estuvieron en guerra o sufrieron conflictos civiles se reunirán en una celebración común de competencia y encuentro.

En Toronto, que acogerá ocho partidos, se espera que el torneo movilice a 65.000 voluntarios y atraiga a 1,5 millones de espectadores por partido, ya sea por televisión o de manera presencial. Aunque este tipo de eventos suele celebrarse por sus beneficios culturales y económicos, también pone en evidencia, con dureza, las vulnerabilidades presentes en nuestras sociedades.

En Ciudad de México, donde se disputarán partidos en el Estadio Azteca, así como en Guadalajara y Monterrey, los grandes proyectos urbanos y de infraestructura podrían provocar desplazamientos forzados de residentes, especialmente en barrios de bajos ingresos cercanos a los estadios o situados junto a rutas clave de transporte. En el pasado, por ejemplo, algunos proyectos de renovación vinculados a grandes eventos en México han implicado el desalojo de viviendas informales o de vendedores ambulantes para “modernizar” los espacios públicos, a menudo sin compensación adecuada ni apoyo suficiente para la reubicación.

Resulta especialmente llamativo que, a nivel regional, la urgencia de abordar la crisis persistente de violencia y violaciones de los derechos humanos no siempre se coloque por encima de los intereses económicos ligados a los megaeventos. En Guadalajara, se ha informado sobre el hallazgo de cuerpos de personas desaparecidas en zonas vinculadas a obras de renovación de estadios, lo que pone de manifiesto la profundidad de la crisis de desapariciones en el país incluso mientras avanzan los preparativos.

Al mismo tiempo, el aumento del turismo y de la actividad económica no necesariamente alivia los problemas de seguridad de fondo. De hecho, en un contexto marcado por altos niveles de impunidad —que superan el 98 % en algunas zonas— la llegada de visitantes y capital puede alimentar, aunque sea de manera indirecta, la expansión de economías criminales. Los entornos de alta demanda en torno a los eventos deportivos internacionales crean condiciones para que crezcan delitos como la trata de personas y la extorsión. Esta dinámica puede conducir a nuevas desapariciones forzadas, afectando especialmente a personas y comunidades que resisten el control criminal o que quedan atrapadas en territorios en disputa.

Aunque la Copa Mundial suele presentarse como una oportunidad de crecimiento económico y visibilidad global, estas realidades muestran el riesgo de profundizar la violencia estructural y la desigualdad si la protección de los derechos humanos no se coloca en el centro de la planificación y la ejecución.

Nuestra respuesta dominicana ante la Copa Mundial, como ante cualquier evento, programa o política, debe estar arraigada en las prioridades de Justicia, Paz e Integridad de la Creación, especialmente en lo relativo a la trata de personas y la justicia económica.

Históricamente, los grandes eventos deportivos han visto un fuerte aumento de la trata y la explotación de personas. La llegada masiva de visitantes crea una demanda que las redes criminales explotan, aprovechándose de los más vulnerables. Debemos alzar la voz para asegurar que la celebración del deporte no se convierta en una pantalla que oculte el abuso de los hijos de Dios.

También están en juego la vivienda y la dignidad humana. En Toronto, la preparación de los recintos deportivos ya ha provocado el cierre anticipado de un refugio de invierno en los terrenos de la Canadian National Exhibition, donde se alojaban 250 personas. Este desplazamiento de los ciudadanos más marginados en favor de intereses comerciales representa una grave injusticia. El “llamado evangélico a la acción” exige que nos preguntemos qué tipo de sociedad prioriza los espectáculos temporales por encima de las necesidades humanas permanentes. Debemos defender la dignidad de las personas sin hogar e insistir en que acoger al mundo no puede significar excluir a nuestros propios vecinos.

También persisten barreras a la participación. Estados Unidos ha extendido la práctica de conceder excepciones a jugadores, entrenadores y personal de países sujetos a restricciones, como Irán, Haití, Senegal y Costa de Marfil. Sin embargo, los aficionados de esos países enfrentan severas restricciones para obtener visas de turista, lo que en la práctica impide que muchos entren a Estados Unidos para asistir a los partidos. Esta disparidad pone de relieve las tensiones persistentes entre la celebración global y la política nacional.

Este momento histórico único también evidencia nuevas tensiones entre los países anfitriones. Los aranceles propuestos por el gobierno estadounidense sobre el comercio con Canadá y México afectan la estabilidad económica de las familias trabajadoras y de los migrantes a ambos lados de la frontera. Por ejemplo, este “tráfico comercial” es una cuestión de justicia económica que impacta tanto a residentes permanentes que luchan por encontrar empleo como a migrantes africanos que buscan una nueva vida en Canadá.

Las preocupaciones ambientales, especialmente en relación con los Grandes Lagos, también requieren atención. Los residuos generados por eventos masivos como la Copa Mundial, así como la salud a largo plazo de los Grandes Lagos y otros usos de la tierra, exigen un compromiso común con el cuidado de la creación.

Canadá se ha enorgullecido durante mucho tiempo de ser un lugar de acogida. Como Dominicos sin Fronteras, nuestra misión es asegurar que esa acogida sea real, justa y extendida a toda forma de vida: desde el migrante que busca seguridad hasta la persona sin hogar desplazada por un estadio, y hasta la Tierra misma. Esta declaración de intención es un primer paso hacia una renovada predicación de justicia en toda América del Norte.

A pesar de los riesgos, es posible que este evento de 39 días sirva para recordar al mundo un camino hacia una dignidad y una paz más duraderas. Aunque Canadá, México y Estados Unidos son naciones soberanas distintas, la Orden de Predicadores está llamada a un ministerio que trasciende las fronteras políticas. La frontera, a menudo vista como un mecanismo de división, puede ser reinterpretada desde una mirada teológica como un lugar de encuentro y solidaridad. El carisma dominicano de predicar la verdad y buscar la justicia exige que veamos la relación entre México, Canadá y Estados Unidos no simplemente como una línea en un mapa, sino como una geografía espiritual compartida donde el Evangelio nos llama a la unidad.

Por encima de todo, la Copa Mundial de la FIFA 2026 invita a los países anfitriones a vivir un nuevo momento histórico.

Colaboradores de este artículo:

fr. Brendan Curran, OP, copromotor regional de Justicia y Paz, América del Norte
sor Reg McKillip, OP, copromotora regional de Justicia y Paz, América del Norte
fr. Raymond Latour, socio y vicario del provincial, Provincia de Santo Domingo, Canadá
fr. Gonzalo Ituarte Verduzco, OP, promotor de Justicia y Paz, Provincia de Santiago, México
fr. Prakash Lohale, OP, promotor de Justicia y Paz, Provincia de Santo Domingo, Canadá
Alberto Solís Castro, director del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Victoria, México
fr. Dieudonne Bigirimana, maestro de novicios, Provincia de Santo Domingo, Canadá
fr. Jean Paul Tagheu, Provincia de San Carlos Lwanga, Camerún

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