Escuchar las parábolas con un corazón de carne

El poder del relato en la predicación

Hay una anécdota muy conocida entre los frailes, contada en muchas versiones, sobre una ocasión en la que alguien le preguntó a un jesuita: “¿Es cierto que siempre respondes a una pregunta con otra pregunta?”. El jesuita se limitó a sonreír y respondió: “¿Quién dice eso?”

Se podría contar fácilmente una historia similar sobre los dominicos, con la afirmación de que cada predicador tiene una historia preparada para responder a cualquier pregunta. Si le preguntas algo sencillo a un dominico, a menudo la respuesta es una historia larga, colorida y extensa. Algunos de nuestros predicadores pueden hablar durante horas, de forma tan vívida y rica, que uno empieza a preguntarse si realmente han tenido tiempo suficiente en su vida para experimentarlo todo. ¿Y qué tiene que ver todo eso con la pregunta?

Así que, si el lector puede reunir suficiente imaginación, que mire el Capítulo General desde esta perspectiva. Imaginemos a casi un centenar de hermanos, procedentes de todos los rincones del mundo, cada uno con su bagaje de recuerdos, imágenes, idiomas e historias. Cada uno de ellos ha visto la belleza y ha tocado las maravillas que provienen de la mano del buen Dios. También conocen el sufrimiento, la pobreza, la soledad y el miedo. Algunos han vivido la guerra, otros luchan a diario contra el hambre, los desastres naturales y la opresión. Hablan con fluidez muchos idiomas, pero el que mejor dominan es el lenguaje del sufrimiento humano.

Escuchar las parábolas del mundo

En la homilía de hoy, el predicador, fray Luis Javier Rubio Guerrero, OP, nos ha recordado que cada uno de nosotros, hermanos predicadores, somos confidentes de las parábolas. Somos enviados a escuchar, a leerlas y a comprenderlas:

“Hoy, como frailes predicadores, tenemos que seguirnos preguntando si estamos dispuestos, como Domingo, a escuchar las parábolas de este mundo, del posadero, de la mujer que tenía a su hijo preso, las parábolas de los pobres de Palencia, y de tantos hombres y mujeres de hoy en día que sufren ante la guerra, el desequilibrio económico, de los migrantes, a la vez de las parábolas de todos aquellos que se han alejado de la Iglesia, de los que quieren profundizar en su fe, de los que no han conocido el mensaje del evangelio, y de tantos jóvenes que viven en el desánimo o falta de sentido, como nos invita a hacerlo el Maestro de la Orden en su Relatio.”

Todo esto, señaló, debe practicarse en el espíritu de la “misericordia veritatis”, la misericordia de la verdad, es decir, una actitud abierta al bien y a la verdad que se esconde en los demás y en cada acontecimiento, aunque nos lleve por caminos inesperados y difíciles.

Sí, conocemos muchas parábolas. Pero no podemos cerrarnos a escuchar otras nuevas, nuevas, difíciles, a menudo ajenas a nuestras experiencias, pero muy reales y presentes.

Aprender a escuchar

Los hermanos han venido aquí desde todo el mundo no solo para hablar. También han venido, y quizás sobre todo, para escuchar: unos a otros, a otras personas y al mismo Dios. El día de hoy se ha dedicado a intensas reuniones y debates. Por la tarde, hubo un encuentro con el antiguo maestro de la Orden, fray Timothy Radcliffe. Compartió su experiencia, sus pensamientos y su fe. Compartió sus parábolas sobre el Dios bueno, animando a los hermanos a tener corazones abiertos y dispuestos a escuchar.

El Evangelio de hoy, como nos recordó el predicador, nos anima a tener un corazón de carne, no de piedra. Un corazón que pueda escuchar y aceptar lo que llega a nuestros oídos y ojos.

“Este ejercicio convirtió a nuestro padre en un hombre de comunión en medio de las divisiones, enfrentándose con compasión a las realidades complejas de su tiempo, adaptando las enseñanzas del Evangelio a las necesidades de esperanza de sus contemporáneos, y transmitiendo alegría a todos aquellos que encontraba en el camino.”

Oficina de Comunicación – Capítulo General de Priores Provinciales
Cracovia, 24 de julio de 2025
Fotografías a cura de: @dominikanie.pl

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