
La vida cotidiana en el Capítulo
Uno de los hermanos me dijo recientemente que, por un lado, le parece que este capítulo acabe de empezar y, por otro, que lleve mucho tiempo en marcha. Otro mencionó con una sonrisa que por fin había dejado de perderse y que ahora conocía todas las entradas al convento. Como residente de este castillo, decidí no corregirlo, ya que sin duda aún no conoce todos los rincones. Otro, cuando le preguntaron después del almuerzo del miércoles (los miércoles, la cocina sirve platos tradicionales polacos) qué le había parecido, respondió que apreciaba mucho los sabores locales y que le encantaría volver algún día de vacaciones. Le pregunté si el provincial tenía tiempo para unas vacaciones, a lo que él respondió riendo que el provincial tiene el deber de tomarse unas vacaciones.
Escribo sobre todo esto porque lo que más resuena aquí es la normalidad. La cotidianidad. La sencillez.
Sí, los hermanos saben idiomas, han visto muchos lugares, tienen responsabilidades y sus agendas están repletas. Y, sin embargo, hay cotidianidad, normalidad.
Quizás sea esta sencillez —fruto de un largo camino, de experiencias y quizás de heridas— lo que les permite creer hoy. Y hablar con sencillez de las cosas más importantes.
Un llamado a la renovación pastoral
Hoy, fray Ricardo Guardado, de la Provincia de San Vicente Ferrer en Centroamérica, dijo en su homilía a los hermanos que necesitamos:
“El camino de la renovación pastoral y/o la renovación del proyecto de la predicación dominicana que nos permita ir ahí donde la fe se ha vuelto costumbre vacía, práctica de ritos rancios y vacíos, comenzando por nuestra propia casa. Así lograremos encender la chispa en los Nazaret’s de este siglo XXI: parroquias rutinarias, comunidades religiosas cansadas, jóvenes desencantados en nuestros centros educativos, frailes cansados de sus propios hermanos, frailes arreligiosos y agnósticos. A esos lugares y personas hay que acercarnos emulando la ternura que mostraba Domingo de Guzmán entre los herejes y los pobres, teniendo claro que el rechazo se puede dar, así como la persecución y el mismo martirio. Ya lo dijo Jesús a sus discípulos: «los envío como ovejas en medio de lobos». Esa renovación pastoral nos exige ser hombres y mujeres con audacia y compasión que hemos de aprender de Jesús de Nazaret.”
Él dijo que era necesario. Y parecía creer realmente que era posible.
Porque, como añadió:
“Nuestra teología debe dialogar con los clamores del mundo, la crisis climática, las dictaduras, las guerras y las injusticias para que nadie diga: ¿De dónde le viene esta sabiduría a este fraile, a esta monja, a esta hermana y a estos laicos dominicos?, sino que reconozcan a Jesucristo en nuestra palabra y acciones cada día.”
Una fe que mueve montañas
“Hermanos y hermanas, que este Capítulo nos devuelva la fe sencilla de los primeros predicadores: la fe que mueve montañas, que hace milagros, que cree que aún en la tierra más árida, Dios puede hacer florecer la verdad. Nosotros estamos para predicar esto.”
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Oficina de Comunicación – Capítulo General de Priores Provinciales
Kraków, 1 de agosto de 2025
Fotografías a cargo de: @dominikanie.pl

