El Evangelio contra el Olvido. Santa Brígida y la Memoria que Salva

“Acuérdate de todo el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer.”
— Deuteronomio 8, 2

Fiesta de Santa Brígida de Suecia
Éxodo 16, 1-5; 9-15 / Sal 78 / Mateo 13, 1-9

No hay esperanza sin recuerdo

El libro del Éxodo toma su nombre de una palabra griega usada para describir la salida o partida del pueblo hebreo de la tierra de la esclavitud en Egipto. Yo diría que el libro también podría llamarse el “Libro del Olvido” o el “Libro de la Demencia”. Es sorprendente cuantas veces el pueblo olvida lo que el Señor Dios acaba de hacer por ellos. El pasaje de hoy procede del capítulo dieciséis, y viene tras el paso milagroso por el Mar Rojo y la destrucción de los enemigos —se podría decir que viene tras su salvación–, y es precedido por un himno de alabanza a Dios por esta gran hazaña. El pueblo olvida al instante su salvación y comienza a quejarse por la falta de agua potable, y Dios vuelve a proveer. En el capítulo 16, el pueblo olvida estas dos grandes hazañas y vuelve a quejarse y a desesperarse. El Señor Dios, en su bondad, se acuerda de ellos y satisface sus necesidades. Cuando el pueblo olvida, el pueblo se desespera y se queja. Recordar es la clave de la esperanza y de todo lo que esta gran virtud tiene que ofrecer.

Recordar es fundamental para la esperanza

Como todos sabéis, nos encontramos en pleno Año Jubilar de la Esperanza inaugurado por el difunto papa Francisco. Es algo que la Iglesia, en el mundo contemporáneo, sin duda necesita. Crecer en la esperanza pasa, en parte, por crecer en gratitud y en el recuerdo. Esto puede significar el recuerdo de las cosas buenas que hemos recibido personalmente o de las cosas buenas que han sucedido en la historia de la salvación. Nuestra celebración diaria de la Eucaristía se basa en el recuerdo: la anamnesis, el recuerdo del sacrificio de Cristo en la cruz, su victoria sobre el pecado y la muerte, su resurrección y ascensión al cielo.

Evocar la experiencia de la Iglesia primitiva también nos recuerda que es el mismo Dios bondadoso el que da fruto a la predicación y a las obras de evangelización. Cuando pensamos en los retos que se nos presentan, cuando reflexionamos sobre las trayectorias culturales o cuando nos sentimos nostálgicos por lo que solían ser las cosas, entramos en el desierto del olvido de las obras de Dios. Puede que nuestros esfuerzos no tengan éxito de inmediato —ni siquiera el trigo del Evangelio que produjo cien veces más lo hizo de la noche a la mañana—, pero podemos estar seguros de que Dios no ha olvidado a su pueblo. Podemos recordar y ser predicadores de esperanza.

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Predicador: fray Allen Bernard Moran, OP
Provincia S Ioseph in SFAS
Oficina de Comunicación – Capítulo General de Priores Provinciales
Cracovia, 23 de julio de 2025
Fotografías a cargo de: @dominikanie.pl

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