4o Domingo de Adviento – 18 de Diciembre

Primera lecturaIs. 7:10 – 14
Salmo23
Segunda lecturaRm 1-10
EvangelioMt 1,18-24

Adviento es un tiempo litúrgico que nos llama a la esperanza cristiana, confiando en la promesa del Altísimo de venir a nosotros pronto para brindarnos la salvación. Pero cuán difícil es predicar sobre esperanza al pueblo de Birmania, puesto que, por demasiado tiempo, la antigua Myanmar ha estado sumergida en medio conflictos étnicos, dictaduras militares, socialismo, guerra civil, golpes de estado, protestas y prisioneros políticos, torturas, asesinatos, violencias, desplazados, temor, negación de los derechos humanos.

No obstante, me apremia hablar con Dios y de Dios desde lo que conozco acerca de esta tierra de misión, donde el Señor se ha hecho presente siempre. Dedicare unos minutos a ello. Ahora, me supongo que Uds. se preguntaran ¿Qué conozco yo (un venezolano) de Birmania? ¿Cuál es mi memoria de ese lugar? Yo de Myanmar conozco y reconozco es a mis connovicios que nacieron allá.

Durante cerca de un año compartí comunidad, estudio, apostolado y oración con jóvenes de Myanmar, hoy ya frailes sacerdotes algunos (como yo), que se ilusionaban por vivir ardientemente la fe y darla a conocer a su pueblo, que deseaban compartir con otros de su tierra aquello que ellos habían logrado alcanzar gratuitamente, vía la contemplación y la vida eclesial. Esa es mi memoria de Birmania y en ella reconozco un llamado a la esperanza, vivida (en medio de risas y llantos, futbol y música, aciertos y defectos humanos), pero siempre cultivada cristianamente, por éstos que llamo y son ciertamente mis hermanos de profesión en Santo Domingo.
A ellos, y con ellos a todo el pueblo de Birmania, les recuerdo que hemos escuchado en este tiempo de Adviento como el profeta Isaías nos ha invitado a acercarnos a Dios y a caminar a la luz del Señor, siendo fuertes y sin temor, porque Él cumplirá su promesa y nos guiara a su santa morada. Por ello alégrense.
Por su parte, el apóstol de los gentiles nos ha pedido despertar y tomar las armas de la luz, a mantenernos firmes porque la venida del Señor está cerca, como señala Santiago en su epístola. Así que ánimo.
De tal forma, debemos estar alertas, urge estar listos, en Myanmar o en Venezuela, en Roma o en Hong Kong, porque cuando menos lo pensemos vendrá el Hijo del hombre y nos traerá la salvación. Dios mismo nos ha invitado a mantenernos firmes en nuestra esperanza y a aceptar el llamado del Bautista, la voz que clama en el desierto, a la conversión, preparando así el camino a Cristo. El Señor promete que vendrá pronto y se hospedará en nuestro corazón, que pondrá su tienda en medio de nosotros. Si lo creemos y, por tanto, lo vivimos, esta presencia de Dios con nosotros hará la diferencia y suscitará cambios que apuntaran al bien común y a una sociedad más justa. Siendo esto signo real de la presencia del Reino de Dios en medio de nosotros.

Hoy, 18 de diciembre, a una semana de la gran Solemnidad, nos movemos en el escenario de la segunda parte del adviento, en donde se nos invita, en especial, a prepararnos para celebrar la Natividad de Jesús en el Portal de Belén. Pues manos a la obra. Firmes en la esperanza.
Sabemos que Dios oye el clamor de su pueblo y envía a su Unigénito al mundo, así el Hijo de Dios entra en la historia, encarnándose por obra del Espíritu Santo, en el vientre de María siempre virgen, la cual estaba desposada con José de Nazaret. Sabemos que el plan de Dios se revela por el Verbo encarnado y se nota que dicho proyecto de salvación abre espacio para la participación de María y de José en el mismo; también se abre un espacio para ti y para mí, para el pueblo de Birmania y para mi querida Venezuela.
Sabemos que por el SÍ de la Virgen, por el fiat de María, se nos abre el camino a la salvación. Bien. Pues ahora veamos la respuesta del carpintero de Nazaret. En su respuesta veremos su fe y en quien José deposita su esperanza. Sabemos que el esposo de María fue un hombre justo que deseaba estar en sintonía con Dios y que puso todo su corazón, mente y alma en ello.
Pero el Señor quería algo más. Más allá de sus proyectos o de sus buenas intenciones, el Señor envía a su Ángel para que José de Nazaret despierte al Plan de Dios y no tenga reparo en llevar consigo a la Virgen Madre y al Niño. De esta manera, el carpintero abraza al proyecto de salvación y obedece lo mandado por el Altísimo.
Notamos como para alcanzar el Plan de Salvación debemos despertar y caminar a la luz del Señor, obedeciendo su Palabra y configurándonos con su Plan, obrando en sintonía con la Voluntad de Dios. Ello requiere dejar atrás nuestros proyectos y apostar por un Plan mejor, abrazando la Sabiduría del Altísimo, actuando en los términos del Altísimo. Con ello se alcanza una dignidad distinta, que surge del sintonizarnos con lo que Dios quiere, que surge del colaborarle libre y voluntariamente. Para lograr todo esto es necesario escuchar y convertirnos a Aquél que quiere ser Dios con nosotros.
Por ello, Dios nos envía ángeles para que nosotros también despertemos al Plan de salvación y nos aferremos al mismo, promoviéndolo con caridad cristiana. Ángeles que no solo promueven obras de misericordia espirituales, sino también corporales. Así, la familia dominica en Myanmar hace su mejor esfuerzo para llevar la Buena Noticia, fundando conventos, enseñando la Sacra doctrina, colaborando en parroquias y promoviendo propuestas pastorales inculturadas para la salvación de las almas, y ayudar con la asistencia humanitaria a los más necesitados con lo que Dios ha proveído, en donaciones en alimentos y medicinas, dando refugio a familias desplazadas y atendiendo a enfermos y victimas del COVID 19, ocupándose de la educación de muchos que no tienen acceso a escuelas o centros educativos (presenciales u online) y también de la salud, reconstruyendo viviendas, auxiliando a las víctimas de la violencia.
Nos dice el Salmista: He esperado, he esperado en el Señor y Él a mí se ha inclinado, ha escuchado mi grito, me ha sacado de la fosa de la muerte. Dios oye el clamor de su pueblo y envía a su Unigénito al mundo, así el Hijo de Dios entra en la historia, encarnándose por obra del Espíritu Santo, en el vientre de María siempre virgen, la cual estaba desposada con José de Nazaret.
Sabemos que el plan de Dios se revela por el Verbo encarnado y se nota que dicho proyecto de salvación abre espacio para la participación de María y de José en el mismo; también se abre un espacio para ti y para mí y para el pueblo de Birmania.
Dios los bendiga.

Fr. Guillermo Méndez, OP
Fraile de la Provincia Ntra. Sra. del Rosario, Vicariato de Venezuela

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