Es sorprendente empezar el año con una invitación a la mesa. En un momento en el que es difícil reunirse, debido a las limitaciones del Covid, es bueno saber que se nos espera, que somos huéspedes bien recibidos en un banquete con sabrosos alimentos y convivencia festiva. No se trata de ignorar las reglas, que permiten añadir unos pocos puestos en la mesa según el color de las regiones. ¡Aquí no hay límite porque la invitación está dirigida a todos, y durante todo un año! Y, es más, la invitación es para sentarse en la mesa con un santo. No es poco en estos tiempos, cuando la soledad corre el riesgo de aislar las vidas. La invitación a sentarse a una gran mesa, junto con muchas otras personas diferentes, es algo nuevo y fascinante. Esta es, de hecho, la propuesta del Año Jubilar por el octavo centenario de la muerte de Santo Domingo, que se inauguró el miércoles 6 de enero en la Basílica de Bolonia, donde está enterrado el santo patrón. Mientras vivimos relaciones a distancia en varias plataformas en línea – también la escuela sabe algo sobre esto – y es difícil recuperar las relaciones sociales, el hecho de saber que se nos espera en la mesa, físicamente presentes y cercanos unos a otros, despierta un movimiento de fraternidad que supera pesimismos y miedos. La llamada a compartir el alimento, tanto material como espiritual, provoca en todos no una simple reflexión sino, como corresponde a una amable invitación, una respuesta y la disponibilidad para el encuentro.
Sentarse a la mesa. En un mundo de soledades y pandemias, es significativo que haya alguien que se tome el tiempo de preparar un lugar para los demás, de hacer comunidad. Pore eso, los frailes de la Orden de Predicadores han elegido como título del Jubileo “A la mesa con santo Domingo”, inspirándose en el icono llamado de la “Mascarella” que representa al santo, retratado por primera vez, con veinticuatro frailes procedentes de toda Europa. En compañía, comiendo junto con sus hermanos . Una santidad cercana, no lejana. Al alcance… del plato.
En la mesa se puede hablar de cualquier cosa, intercambiar opiniones y experiencias, ayudarse mutuamente en el camino diario. Santo Domingo eligió ir a Bolonia porque allí estaba la universidad, la más antigua de Europa. A lo largo de los siglos, los dominicos han marcado con su presencia la iglesia y la ciudad. Un calendario de iniciativas en 2021 revivirá ese legado en el contexto actual, en un mundo profundamente cambiado y con hombres que necesitan ver y oír juntos. Ser santos, hoy, significa buscar el cielo con el uso de la razón, en la cultura del encuentro, en las relaciones que nacen, precisamente, en torno a una buena mesa.

Alessandro Rondoni – Avvenire BO7, domingo 10 de enero de 2021