La Orden de Predicadores acoge el primer gran documento del papa León

ROMA — El papa León XIV ha publicado su primera exhortación apostólica, Dilexi te (“Te he amado”), una llamada a situar a los pobres en el centro de la vida y misión de la Iglesia. Firmado en la fiesta de san Francisco de Asís, el texto insiste en que la fe y el amor a los pobres son inseparables.

El Maestro de la Orden de Predicadores, fray Gerard Francisco Timoner III, OP, afirmó que el documento subraya temas centrales de la predicación dominicana: la pobreza evangélica, la integridad y la credibilidad.

«Las últimas palabras de santo Domingo fueron: “Carísimos hermanos, esto es lo que os dejo en herencia, para que lo poseáis por derecho hereditario vosotros, mis hijos. Tened caridad, conservad la humildad y poseed pobreza voluntaria.” (Libellus de Jordán de Sajonia, 92)», recordó fray Gerard.

«¡“Poseer la pobreza” suena a contradicción! ¿Cómo puede uno “poseer” lo que consiste en el “despojo”, o “ser dueño” de la renuncia a la propiedad? La pobreza evangélica no consiste en ser indigente. “Ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico se hizo pobre por vosotros, para enriqueceros con su pobreza” (2 Cor 8,9). La pobreza evangélica o voluntaria consiste en ser libres de los apegos. Para santo Domingo y san Francisco, la pobreza voluntaria fue una elección deliberada de vivir sencillamente, de necesitar menos, para ser más libres de seguir a Cristo. Las últimas palabras de santo Domingo sobre “poseer la pobreza voluntaria” significan “apropiarse de la libertad respecto de la propiedad de las cosas”».

Añadió: «Es la libertad que Jesús exige a quienes son llamados a predicar la Buena Nueva: “No lleven oro ni plata ni cobre en sus cintos; ni alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, pues el obrero merece su sustento” (Mt 10,7-10). Se trata de “viajar ligero” para que podamos centrarnos en la única tarea que importa: la predicación del Evangelio. Este es el mismo radicalismo que Jesús nos exige hoy».

Una llamada a ser “testigos con integridad”

La exhortación del papa León insiste en que «la Verdad necesita testigos con integridad». Para fray Gerard, esa exigencia habla directamente a la vocación dominicana. «Integridad (del latín integer, que significa “entero”) significa totalidad o plenitud. Su opuesto es la multiplicidad, la duplicidad, la fragmentación, la división. La integridad significa coherencia entre palabras y acciones», explicó.

«“Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido heraldo. Cree lo que lees, enseña lo que crees y practica lo que enseñas.” Estas son las palabras dirigidas a un diácono recién ordenado. Son las mismas palabras que todo heraldo o predicador del Evangelio debe asumir en su corazón. Dar testimonio de la Verdad con integridad es predicar a Cristo con nuestra vida».

Fray Gerard recordó también los orígenes de la Orden: «Una vez leí que “Domingo siguió a Cristo predicador pobre; Francisco siguió al Cristo pobre que predicaba”. Aunque diferían en el acento, ambos siguieron a Cristo de manera radical.

«Domingo acompañaba a Diego, obispo de Osma, quien comprendió que para ganar a los herejes de nuevo a la fe había que predicar de otra manera: “Este no es el camino, hermanos míos, este no es el camino para proceder. No creo que sea posible, con palabras solamente, atraer de nuevo a la fe a hombres que se sienten más persuadidos por el ejemplo. ¡Mirad a los herejes! Mientras fingen piedad y dan ejemplos falsos de pobreza y austeridad evangélicas, conquistan a la gente sencilla. Por eso, si vais con menos pobreza y austeridad, apenas daréis edificación, causaréis mucho daño y fracasaréis por completo en vuestro objetivo. Enfrentad el acero con acero, derrotad la falsa santidad con la verdadera religión.” (Libellus, 20)».

Pobreza como solidaridad

Mirando al presente, señaló que la pobreza debe entenderse como solidaridad y comunión. «El biblista Jerome Murphy-O’Connor, OP, afirmó que la esencia del voto de pobreza es el compartir. Esto desplaza el centro de la pobreza voluntaria de la relación con los bienes materiales (consumismo, materialismo) hacia la relación con las demás personas. En esta perspectiva, la pobreza no consiste solamente en lo que renunciamos, sino en cómo vivimos en solidaridad y comunión con los demás.

«Se ha señalado que en el Antiguo Testamento la existencia de pobreza es vista como una negación práctica de la hermandad y sororidad del pacto. Esta comprensión está enraizada en la promesa del Deuteronomio 15,4: “No habrá pobres entre vosotros”. En otras palabras, la verdadera fidelidad a la alianza con Dios incluye la responsabilidad compartida de garantizar la dignidad y el bienestar de todos».

Concluyó recordando el título elegido por el fundador: «Recordamos, por supuesto, el ejemplo de nuestro fundador, que quiso ser llamado “fray Domingo”. Esta designación aparentemente humilde es en realidad un título muy “teológico”, porque “predica” y señala el Reino venidero de Dios, donde todos son “hermanos” y “hermanas”, pues hay un solo Padre que está en los cielos, que provee todas nuestras necesidades».

Pocas semanas después de que la Orden se uniera a la Iglesia en la canonización del beato Pier Giorgio Frassati —un joven terciario dominico conocido por su radical caridad—, fray Gerard señaló que las palabras del papa León llegan en el momento oportuno. «El Santo Padre pide a toda la Iglesia vivir con la misma libertad y alegría que marcaron a Domingo, Francisco y Pier Giorgio. Ese es el espíritu de Dilexi te y esa es la misión de la Orden de Predicadores hoy».

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