
«No hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe»
(Mateo 13,58)
Memoria de San Alfonso María de Ligorio
Textos del día:
Lev 23, 1.4-11.15-16.27.34b-37
Mt 13, 54-58
Queridos hermanos y hermanas:
Mientras estamos reunidos en este Capítulo General, la Palabra de Dios nos pone delante de nuestra mirada dos imágenes complementarias: por un lado, la del Nazaret incrédulo que rechaza la visita de Dios en la persona de Jesús, y del otro lado, a los habitantes del pueblo de Israel convocados a celebrar las fiestas sagradas.
Jesús enseña con autoridad, maravilla con sus obras, pero no es recibido. Quienes más cerca estaban de él, no creyeron en él, pues les resultaba demasiado familiar, demasiado “ordinario” y no lograron reconocer a aquel que es el motivo de toda solemnidad y celebración religiosa, es decir, Dios mismo. Esas personas, que conocían la ley y las fiestas, no supieron ver que toda Pascua, toda tienda, todo sacrificio apuntaba a Dios y ha de conducirnos a él siempre.
Hemos escuchado en la primera lectura que es el Señor Dios quien organiza la vida de su pueblo con un ritmo santo: Pascua; Pentecostés; Día de la Expiación; Fiesta de las Tiendas, entre otras celebraciones. Eso significa que siempre deberíamos tener presente que cada solemnidad es un recordatorio de que el tiempo pertenece a Dios, que la historia no está abandonada al caos, sino que es historia de salvación. * La noche es tiempo de salvación, cantamos alguna vez cuando oramos las completas.
Al momento de leer los textos para preparar esta reflexión, me surgió la idea de que cada miembro de la Orden de Predicadores bebemos de esas dos realidades de las que nos habla la Palabra de Dios hoy: una Orden que guarda la tradición y celebra la fe, como los habitantes de Israel; y una Orden que, como Jesús, debe atreverse a entrar también hoy en los “Nazaret’s” duros e indiferentes y quizá hasta hostiles al mensaje de la predicación que anuncia la amistad de Dios que invita a volverse a él constantemente.
El domingo pasado, 27 de julio, fuimos a Auswitch/Birkenau y yo me quedé sin palabras para comentar lo que escuché, lo que vi y lo que sentí ahí. Les confieso que sigo impactado, asombrado y escandalizado. Definitivamente la deshumanización propia conduce al deseo desenfrenado de destruir para siempre a los demás.
Queridos hermanos y hermanas, nuestro mundo hoy sacudido por los escándalos de algunos miembros de la Iglesia y de nuestra propia Orden; los escándalos políticos, económicos y de abuso de poder; los odios, la corrupción, la violencia contra la creación, la invasión a otros países, la intromisión política, la guerra y la destrucción de la vida, necesita fiestas de esperanza: lugares de esperanza, tiempos y palabras que interrumpan la rutina de la desesperanza. Aquí es donde nuestra predicación está llamada a curar las heridas del mundo de hoy “con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza”.
Pero hoy, al igual que le sucedió a Jesús en Nazaret, seguramente habrá gente que nos mirará con indiferencia y dirán sospechosamente: ¿No son estos los frailes predicadores de siempre? ¿Qué mensaje novedoso pueden decirnos?
Ante la incomodidad de esas preguntas recordemos que nuestro Padre Santo Domingo de Guzmán nos enseña a no callar, porque no predicamos una novedad humana, sino a Jesucristo, Verdad eterna, siempre nueva. Ya decían los primeros discípulos de Jesús después del acontecimiento de la Resurrección: “no podemos callar lo que hemos visto y oído”. Nosotros tampoco podemos callar y sabemos perfectamente que nuestros silencios, muchas veces, no son para entrar en un clima de oración y contemplación, sino para evitar la confrontación o para no incomodar a nadie.
Y, entonces, ¿qué caminos debemos transitar hoy quienes ejercemos el ministerio de la palabra y la predicación?
Se me ocurren estos cuatro, al menos:
- El camino del estudio y la contemplación para anunciar que cada Pascua, cada Eucaristía, cada celebración de fe es más que un rito: es la presencia viva de aquel que sigue pasando por nuestros pueblos, por nuestros países, por nuestra vida, por nuestras casas y conventos, por este Capítulo General. Nuestra teología debe dialogar con los clamores del mundo, la crisis climática, las dictaduras, las guerras y las injusticias para que nadie diga: ¿De dónde le viene esta sabiduría a este fraile, a esta monja, a esta hermana y a estos laicos dominicos?, sino que reconozcan a Jesucristo en nuestra palabra y acciones cada día.
- El camino de la renovación pastoral y/o la renovación del proyecto de la predicación dominicana que nos permita ir ahí donde la fe se ha vuelto costumbre vacía, práctica de ritos rancios y vacíos, comenzando por nuestra propia casa. Así lograremos encender la chispa en los Nazaret’s de este siglo XXI: parroquias rutinarias, comunidades religiosas cansadas, jóvenes desencantados en nuestros centros educativos, -frailes cansados de sus propios hermanos, frailes arreligiosos y agnósticos. A esos lugares y personas hay que acercarnos emulando la ternura que mostraba Domingo de Guzmán entre los herejes y los pobres, teniendo claro que el rechazo se puede dar, así como la persecución y el mismo martirio. Ya lo dijo Jesús a sus discípulos: “los envío como ovejas en medio de lobos”. Esa renovación pastoral nos exige ser hombres y mujeres con audacia y compasión que hemos de aprender de Jesús de Nazaret.
- El camino de la renovación espiritual para renovar nuestras comunidades y así, cada convento y casa sea una tienda santa donde se celebra la amistad, la oración, el estudio, la misión, la vida comunitaria. Queridos hermanos y hermanas, sin vida fraterna, sin oración, sin estudio y sin comunidad no serán posibles los milagros, sino la incredulidad. Somos llamados a ser signos visibles de la fiesta que es Jesucristo Resucitado.
- El camino de la revisión de nuestra vida: ¿qué signos de Evangelio ofrecemos hoy a la gente? El milagro de la predicación no depende únicamente de las palabras, sino de la relación con la fe viva de quien escucha y de la santidad de quien predica. Ante este camino les propongo que nos hagamos la siguiente pregunta: ¿No será que a veces nuestra familiaridad con el Evangelio lo vuelve “insípido” para nosotros? ¿No habrá algo de Nazaret también en nuestras comunidades, cuando nos acostumbramos a la rutina, a lo “ya sabido”, a la comodidad de lo establecido?
El texto de San Mateo que escuchamos este día nos dice que en Nazaret no hubo muchos milagros porque la gente no aceptaba la posibilidad de que Jesús fuera portador de Dios, y mucho menos que él fuera Dios. ¡Que no sea así entre nosotros! Que este Capítulo General sea nuestro libro del ‘Levítico renovado’, que siga siendo la gran fiesta del encuentro de los hermanos y hermanas donde juntos le tomamos el pulso a nuestra vida y misión; que lo que vivimos en este Capítulo General de provinciales nos lance a proclamar al mundo que toda nuestra vida está consagrada enteramente a la fiesta de la Verdad. Que renovemos nuestras Constituciones, nuestras estructuras, pero sobre todo nuestros corazones, para que cuando prediquemos a los hombres y mujeres de este siglo, entonces, suceda el milagro: Jesucristo mostrándose en medio de nosotros, para colaborarnos a todos a transformar nuestra vida y proyectos de misión.
Hermanos y hermanas, que este Capítulo nos devuelva la fe sencilla de los primeros predicadores: la fe que mueve montañas, que hace milagros, que cree que aún en la tierra más árida, Dios puede hacer florecer la verdad. Nosotros estamos para predicar esto.
Que María, Madre del Rosario, nos enseñe a reconocer la visita de su Hijo en nuestros diversos Nazartet’s. Y que Santo Domingo nos obtenga la pasión por la búsqueda de la Verdad y pidamos a Dios que nos ayude a vencer la tentación de callar su Verdad por miedo a qué dirá la gente de nosotros los dominicos hoy. Que Dios permita con su gracia, que nuestra predicación convierta cada día, cada convento, cada casa, cada pueblo, cada país, cada Nazaret, cada Capítulo en nuestra Orden, en un espacio y lugar donde él mismo sea acogido y glorificado. Amén.
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Fray Ricardo Guardado, OP
Provincia San Vicente Ferrer en Centroamérica
Capítulo General de Provinciales de la Orden de Predicadores
Cracovia, 1 de agosto de 2025

