Reacción a la carta del Santo Padre a la Orden de Predicadores

San Francisco y santo Domingo tenían fama de ser amigos y por eso es estupendo que el primer Papa que lleva el nombre de Francisco haya enviado en esta carta un regalo de cálida fraternidad a los hermanos y hermanas de Santo Domingo, en el 800 aniversario de su muerte. El Santo Padre comienza saludando a Domingo como el “Predicador de la Gracia”. La expresión fundacional de esta gracia fue la fraternidad de la Familia de Domingo, que desde el principio estaba formada por frailes, monjas y laicos. Esto respondía a un mundo en el que las viejas jerarquías verticales del feudalismo se estaban desmoronando y las ciudades estaban llenas de extranjeros. Esto responde a nuestro mundo actual, que está sufriendo una transformación radical similar, ya que somos nativos de un mundo nuevo y apenas conocido, el continente digital. 

La extensa familia de Domingo no es sólo nuestro hogar en un tiempo incierto, sino un pequeño signo del Reino, en el que todos estamos llamados a descubrirnos como hermanos y hermanas de Cristo. Por eso, en cada generación somos impulsados a salir al encuentro de hermanos desconocidos, como cuando el primer grupo de frailes fue a las Américas y defendió enérgicamente la dignidad de los indígenas, a los que Bartolomé de Las Casas vio como Cristo mil veces crucificado. ¿A qué nuevos hermanos somos enviados ahora? La pandemia pone en evidencia cómo, en tiempos de crisis, las naciones ricas tienen la tentación de reducir el círculo de los que reconocemos como los nuestros. 

Domingo se sitúa en el centro de la Iglesia -in medio ecclesiae-, conservando las verdades salvadoras de la fe, pero nos envía a las “periferias” para estudiar, enseñar y aprender. Si no pensamos con la Iglesia, no tenemos nada que decir, pero si no estamos cerca de los que están alejados de la Iglesia, comprendiendo su experiencia y abiertos a sus preguntas, no podremos compartir la buena nueva. A menudo son los artistas los que predican con más fuerza una palabra que es nueva y antigua. 

El Papa Francisco llama la atención sobre el gobierno “sinodal” que Domingo dejó a la Orden. Gobierno que mantiene unidos a quienes no tienen miedo de estar a veces en desacuerdo, formándolos para que se escuchen mutuamente en la búsqueda de una verdad más amplia. Esto puede ser una inspiración para la Iglesia al aventurarse en el camino sinodal en un momento en que el debate fructífero a menudo se ve obstaculizado por la incomprensión mutua. 

Cuando santo Domingo estaba muriendo, aseguró a sus hermanos que les sería más útil rezando por ellos en el cielo que con ellos en la tierra. ¡Que nos dé ahora el valor y la libertad de predicar con valor y creatividad!

Fray Timothy Radcliffe, O.P.