El Papa Francisco, nuestro pastor, nos escribe a los dominicos para animarnos a ser fieles a “la gracia de la perseverancia en la fidelidad (al) carisma fundacional”, para que participemos en la obra de la Iglesia universal. Tampoco podía ser de otra manera, ya que la Orden de Predicadores, como grupo de anunciadores de la Gracia y del Evangelio comparte la misión de la propia Iglesia como anunciadora y predicadora de la Buena Nueva de Jesucristo. 

Desde el siglo XIII hasta nuestros días han cambiado muchas cosas, pero la obra de Domingo sigue presente, eficaz y viva: la Orden de Predicadores.  Una obra destinada a su tiempo y que la historia ha demostrado que es actual en todos los tiempos. Es innegable hoy la necesidad de dar a conocer el Evangelio y la Buena Noticia a los hombres y mujeres de nuestras sociedades. Hay muchos que nunca han oído hablar de él, otros que lo han olvidado, otros que sólo han oído noticias falsas sobre Jesucristo, otros que están confundidos y desorientados. Pero la necesidad de la Orden de Predicadores no sólo se justifica por su misión de anuncio siempre presente. Pero también por su método y forma de vida: partir de una vida de fe y oración como fuente y alimento; una vida comunitaria en sencillez y fraternidad; el estudio de la Verdad para darla a conocer. Si no tenemos oraciones, ni métodos de estudio, ni exhortaciones edificantes provenientes directamente de Domingo, tenemos una certeza, que nos dejó una forma de gobierno que el Papa Francisco encuentra una base evangélica y sinodal.

Todos los dominicos lo experimentamos en el día a día de nuestras instituciones, sea cual sea nuestro modo de vida como laicos, monjas, frailes, religiosas de vida activa, miembros de institutos seculares, fraternidades sacerdotales o miembros del movimiento juvenil. La noción de ser hermanos que nos lleva a que las decisiones se traten de igual a igual, el debate libre donde se busca el consenso como método de decisión siempre que sea posible. La decisión y elección democrática, la limitación en el tiempo de los mandatos y su renovación, la transparencia de las decisiones, la participación de todos en el proceso de toma de decisiones, son elementos clave en nuestro vivir y que han sido el soporte de la unidad, y de la fuerza siempre renovada necesaria para llevar a cabo la misión de la predicación. Es en este proceso donde el Espíritu puede manifestarse, no por un individuo, sino como resultado de la búsqueda de la verdad por parte de todos. El Papa Francisco nos recuerda precisamente que Domingo nos dejó los medios para evitar el clericalismo, y que la Orden y la Familia Dominicana en su diversidad y complementariedad de estados y formas de vida conservan en la unidad su misión evangelizadora. 

Gabriel Silva, O.P. (laico)
Coordinador del Consejo Internacional de las Fraternidades Laicas de Santo Domingo