La significativa y profunda carta del Papa Francisco dirigida a toda la Orden en este año jubilar, remueve cálidamente nuestras comunidades de vida contemplativa, recordándonos el compromiso y la implicación que tenemos las monjas desde el inicio de la “Santa Predicación”. Nuestra Región de Sudamérica y el Caribe tiene gracias al amor misericordioso de Dios, faros que iluminan y orientan el camino de la predicación, nuestros monasterios son hogares que mantienen viva y caliente la hoguera de la Palabra, de la alabanza, de la acogida, de la compasión, de la caridad, de la esperanza… En este octavo centenario de la muerte de Santo Domingo, cada comunidad contemplativa se ha convertido en matriz (útero), donde gestamos con corazón de madres, el llanto, el grito despiadado, la desesperanza, el dolor, la impotencia de los más débiles…, queremos dar a luz a través de nuestra vida orante, silenciosa, escondida en Cristo, el testimonio que nos legó nuestro Padre Domingo, llevar el bálsamo suave del consuelo a todas las “periferias” de nuestros países que claman misericordia.

Ayer como hoy, las monjas, corazón de la Misión de la Orden, nos mantenemos de centinelas de luz en medio de la oscuridad denunciando: “Acaso ¿estos no son hombres que tratamos y humillamos como esclavos? Acaso ¿éstos no son hombres, que son frágiles de fe y no ayudamos?” Animamos a la Familia Dominicana, haciendo eco de las palabras del Papa Francisco, a no tener miedo y correr el riesgo de predicar la justicia, la verdad, de defender y cuidar la vida en todas sus formas. Nuestra Región reclama nuevos “Franciscos de Vitoria”, necesita la voz de “Antonios Montesinos”, es indispensable comunidades que sean “Bartolomés de las Casas”.

Ante tanto olor desagradable de opresión, perfumemos con el suave olor de Cristo como lo hizo Rosa de Lima, Fray Martín de Porres, Fray Juan Macías, Sor Ana de los Ángeles Monteagudo y Fray Luis Bertrán, desbordando la alegría del Evangelio, haciéndonos pan de caridad, construyendo con sencillez la paz y cultivando con exquisita delicadeza la comunión y la fraternidad. Como dice un canto que sintetiza bellamente la presencia de la misión dominicana:“Domingo tu voz en América, descubre la fuerza de la verdad, Domingo tu voz en América, es fuego de libertad”.

Sor Irene Díaz, O.P.
Monasterio Vble. Catalina de Jesús Herrera
Federación Santo Domingo en Ecuador
Región Sudamérica