Hemos celebrado la Eucaristía, el Sacramento de Acción de Gracias, para agradecer a Dios el don de su Epifanía, su revelación como lumen gentium, “luz para todas las naciones”. De manera muy especial, damos gracias a Dios por darnos a Santo Domingo, el fundador y el primer fraile de la Orden de Predicadores, a quien amorosamente llamamos “lumen ecclesiae”, “luz de la Iglesia”. En la sencillez y el silencio, celebramos la “epifanía”, la manifestación del amor y la solicitud del Señor por Santo Domingo y por la familia dominicana durante más de ochocientos años.

Dios creó en primer lugar la luz y es maravilloso advertir cómo el movimiento de muchas criaturas está influenciado por la luz. Los científicos llaman a este movimiento fotosíntesis, es decir, un movimiento con respecto a una fuente de luz. La fotosíntesis positiva es el movimiento producido por la luz, por el contrario, la fotosíntesis negativa es el movimiento que no se produce por falta de luz.

Santo Domingo es lumen ecclesiae, porque toda su vida estuvo orientada hacia Cristo, lumen gentium. Como luz, Domingo es más luna que sol. Y como todos los que estamos bautizados en Cristo, Domingo refleja sólo la luz de Cristo. Esto es lo que los padres de la Iglesia llaman el ministerio lunar, reflejar la luz de Cristo, como la luna refleja la luz del sol. Y sabemos que el brillo de la luz de la luna depende de la posición de la luna en relación con el sol. El brillo de la luz que llevamos depende en gran medida de nuestra relación con Cristo. Domingo es un brillante lumen ecclesiae, porque toda su vida está orientada y “expuesta” a Cristo; no hay nada en él que bloquee la luz de Cristo, por lo que Domingo reflejó esta luz de manera completa y brillante. Domingo no se guardó para sí mismo la chispa de la inspiración divina, fundó una Orden de Predicadores, una orden de hombres y mujeres dedicados al estudio de la verdad, a la predicación de la gracia y a la construcción de comunidades, especialmente de la Iglesia. Y así damos gracias a Dios por el don de Domingo, lumen ecclesiae! Hoy, la Familia Dominicana en todo el mundo celebra la apertura del jubileo de su nacimiento a la vida eterna.

En nombre de la Orden, agradezco a Su Eminencia, el Cardenal Matteo Zuppi la presidencia de la celebración eucarística. También estamos agradecidos por su inquebrantable y sincero apoyo a la celebración del jubileo y por su amistad y cercanía con los frailes dominicos. Agradecemos también a las autoridades civiles y religiosas aquí presentes; y a todos los que colaboraron en la preparación de esta solemne celebración.

Agradezco a fray Fausto Arici, prior provincial de la provincia de San Domenico y a fray Davide Pedone, prior de este convento donde descansan los restos mortales de Santo Domingo, y a todos los frailes que organizaron esta celebración.

También estoy agradecido a fray Philipp Wagner, presidente del Comité para el Jubileo que organizó y supervisó la celebración del jubileo en estos tiempos extraordinarios. Por último, deseo agradecer a fray Bruno Cadorè, antiguo Maestro de la Orden, que inició la preparación de la conmemoración del octavo centenario del dies natalis de Santo Domingo con la ayuda de fray Gianni Festa, Postulador General de la Orden.

Br. Gerard Timoner, O.P.
Maestro de la Orden
Bologna,6 de enero de 2021

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